Por Daniel Caram

Ceder sin conceder

Opinión del Director - 05/03/2017

El conflicto docente, con sus ribetes característicos a nivel provincial y nacional, nos ubica en un escenario preocupante, donde además de repetir cíclicamente la historia propone una realidad que debería alertarnos, ya que algunos pretenden igualar la pelea de los maestros por sus salarios con la de los futbolistas.

 

Indefectiblemente debemos trasladar el análisis general del conflicto a lo que sucede en Corrientes: por cuestiones geográficas y por la lógica misma de saber que están involucrados nuestros niños, nuestros jóvenes… y nuestros maestros.

 

¿A esta altura le sorprende a alguien que en Corrientes se repita la pelea en el inicio de clases?.

 

Este Gobierno nunca se inmutó –y claro está que no lo hará- en establecer paritarias en el sector para discutir cómo se debe, y solo estableció montos que debieron ser aceptados o no. Esto, además, con la consabida anuencia de los medios amigos que demonizaron y demonizan la protesta a punto tal de colocar a los maestros en el protagonismo no querido ni deseado de los responsables absolutos del problema.

 

A tal punto llegó el conflicto en Corrientes que el viernes se suscitó un hecho hasta insólito, cuando los gremios fueron a dar a conocer la contrapropuesta y se encontraron con el Ministerio de Hacienda… cerrado. ¿Qué hizo el Gobierno?: comunicó que los sindicatos docentes faltaron al encuentro, buscando instalar una imagen negativa de los representantes de los trabajadores de la educación.

 

¿Qué culpa les cabe a los gremios?: el aceptar convivir con ésta desidia durante más de una década, sin encontrar un escenario adecuado para que la discusión tenga los carriles adecuados de institucionalidad y coherencia.

 

Puede que alguna vez, con el tiempo, se pueda alcanzar la lógica aspiración de que la educación esté por encima de todo… aún por arriba de las discusiones políticas temporales.

 

Eso se alcanzará cuando los líderes tengan  por premisa el bien común. Pero, está claro, seguramente primero habrá que tener verdaderos líderes que instalen una agenda real que determine prioridades.

 

Con caprichos y pretensiones personales  se repetirá la historia… como siempre.