Por Daniel Caram

Mujeres… la ignorancia también es violencia

Opinión del Director - 08/03/2017

En 1910, la Internacional Socialista proclamó el Día de la Mujer, con carácter internacional. Fue un homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer.


En ese momento, no se estableció una fecha fija para la celebración.

 

El primer Día de la Mujer se celebró un año después, el 19 de marzo de 1911, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Menos de una semana después, el 25 de marzo, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York.


Este suceso marcó a fuego posteriores recordatorios del Día Internacional de la Mujer y siempre se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.

 

En 1917, como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. Cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.

 

Desde entonces el Día Internacional de la Mujer se celebra los 8 de marzo.


Esa “herencia rusa”, por un simple capricho del calendario, se trasladó hasta nuestros días con implicancias directas en la vida social, política, e institucional de toda la comunidad.

 

Hasta las cuestiones ideológicas mezclan posicionamientos.

 

Y mucho más cuando de recordar la fecha se trata: ¿se conmemora o se celebra?

 

Es que choca y duele que muchas que reivindican sus derechos y defienden sus logros en marchas, movilizaciones o simples publicaciones en las redes sociales, después se invitan a participar de fiestas en locales de la costanera, o reclaman regalos, o reprochan el no haberlos entregado.

 

Así, tergiversado el mensaje, la sociedad completa (hombres y mujeres que no están identificadas con los movimientos feministas) no entiende el objetivo de defender principios y valores para alcanzar la imprescindible “igualdad de género”.

 

¿Es necesario apelar a nimiedades para lograr esa igualdad, o ésta debe darse dentro de la natural situación de cada persona a partir de su calidad profesional y/o humana?.

 

Hay muchos hombres (muchos) que podrán vivir una vida pero jamás podrán igualar en la capacidad de hacer y entregar de una mujer… y no hay que demostrarlo día a día.


Si se puede consolidar valores a partir de la necesaria aplicación de la humana inteligencia, la que nos iguala por mandato divino… y no por celebraciones inoportunas o por regalos recibidos.
Respeto y dignidad a todas las mujeres… por sobre todas las cosas.